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Diagnóstico de una sociedad Orwelliana

El término Orwelliano no es un tema de discusión hoy, pero es realmente el sistema social que gobierna todos los países de una u otra manera. El término se refiere a George Orwell (en realidad Eric Arthur Blair), un genio, un escritor y periodista británico, que, a pesar de sus presuposiciones, nunca dejó de ser crítico y de advertir el rumbo que tomaría el mundo, de alguna manera.

Esto es 1984 (la novela de Orwell): Bien, ahora se vive en una sociedad donde es típico ver a una persona sumergida en la pantalla de su SmartPhone, seguramente en alguna aplicación que conecta a Internet, donde erradamente cree que hay un poco de privacidad y de neutralidad… Jamás, Internet es el sitio más peligroso, poco neutral y privado que se ha creado. Es el mejor descubrimiento de la especie humana, después del fuego, pero es un nicho de datos, donde obtienen tus direcciones IP, navegador, SO, modelo de placa madre o celular, en fin… todo. Ahí surgen los “Big brother” o el gran hermano que te vigila, en todo, las redes, protocolos de transferencia, correos, redes sociales, visitas a páginas, entre otros (o sea, todo). Todo se podría recopilar y se le puede identificar. No tal vez como en películas, pero de que se puede y es más fácil capturar a alguien que hizo algo ilegal por la red, que alguien que comete un homicidio. Si a esto sumamos metadatos, el pastel está servido.

Además de Internet, hay otro foco de vigilancia, que está en todo lado, las cámaras de vigilancia, como aquellas que no están controladas por vecinos o propietarios, sino por “el gobierno” o por alguien indiscreto, se sabe de cámaras en lugares que no deberían estar, se sabe de cámaras asociadas a IP que ni protegidas están. Cámaras que ven todo lo que pasa en calle, TODO.

Llegando el SmartPhone, la función de GPS se extendió, simplificando el trabajo para ubicarse, viajar y planificar el tiempo, además de pedir transporte y servicios exprés. Pero se extendió el registro de cada paso que se da con la función activada.

A esto sumarle las tarjetas y las suscripciones, que, en base a un estudio de los productos y servicios consumidos, se podría saber que alguien está enfermo, una dama está embarazada, un niño está deprimido, en fin… una compañía o el gobierno podría saber esto antes de que lo sepa algún familiar. Y ni que hablar de los buscadores online y su basto conocimiento sobre cada uno de nosotros. O de los sistemas de facturación integradas al gobierno (sí, sabrán que se compró una prueba de embarazo, que se pagó un motel, en fin…).

Más ejemplos: un estudio de radiobases puede triangular donde está el usuario de un teléfono móvil, sin necesidad de tener el GPS activado. También hay registros de llamadas, de SMS e incluso los mensajes de voz.

Hay más ejemplos… y todo es real y de hecho bastante sencillo de llevar a cabo. Una mente criminal, la autoridad, alguien que quiere acosar o hacer un daño, podría tener acceso a todo esto. Realmente las barreras de acceso a esta información son blandas, siempre hay corrupción, hay fallas en el sistema o una imprudencia del usuario.

Entonces, se cumple un primer diagnóstico para la sociedad Orwelliana: estamos vigilados por un gran hermano (o varios de estos).

En 2003 o algo así, era común ver un reality show del “Gran Hermano”, que todo lo veía y hacían nominaciones, retos y demás, para ir sacando participantes. El reality show es real y ahí están todos los seres humanos, en cualquier momento, cualquier persona puede ser nominada.

Lo único bueno de esta sociedad Orwelliana es que las generaciones pasadas ya no tienen muchos atestados morales, sino que se les da el beneficio de la duda, porque no había una documentación automática y al parecer, sempiterna de todas actividades que se realizan.

Lo más trágico es que no se educó a la generación de los nacidos entre 1992-2002 para vivir en esta vigilancia insoportable. Más adelante se comentará más de este sistema enfermizo.