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Sextorsión

Ya se han hecho muchas noticias sobre este tema, por lo que no vale la pena darle mucho más morbo y detalle al asunto. Pero sí que vale reflexionar:

Hay que recurrir a la ley, sí, pero también por otro lado hay que reforzar la prevención porque lo más probable haya una revictimización al poner la denuncia, al tener que pasar la pena, para que le digan “acá no podemos hacer nada, lo mandamos a X agencia o p o l i intern.”, a lo que se suma el hecho que al ser algo tan complejo y fuera de fronteras evita por causa civil ($). Hay que comunicar la verdad para calar en las mentas de las personas y prevenir plenamente.

No hay que pagar ninguna extorsión, de hecho, es altamente probable que no sigan insistiendo al ver que nada consiguen.

Por otro lado, si hay material de la víctima de extorsión, seguramente siempre andará en la red o al menos quedará en el limbo, por lo que es importante revisar y denunciar para que borren y dejen de indexar cualquier material de este tipo.

El delito de la sextorsión se basa en el morbo y la doble moral del ser humano, además del miedo a la desnudez, los extorsionadores pueden ser desde muy amateur hasta muy profesionales, siendo organizaciones delictivas complejas con modelos, editores, encargados de logística y demás. No hay que brindar más datos.

Se salga o no de las manos, hay que entender que el problema de la víctima de sextorsión no es simplemente esto, de hecho esa es la punta de un iceberg, que nace del problema real: un vacío y la búsqueda fácil de encuentros sexuales virtuales con desconocidos, que puede ser peligroso a varios niveles y que debe ser producto de acompañamiento espiritual y una gran dosis de sinceridad… es decir… sí… un hombre casado en este tipo de enredos debería comunicarlo a su esposa, igual puede que alguien que le mande el video “prohibido”. Más allá de una grosería, es una verdad, las personas deben ser sinceras para superar sus problemas, sino esa adicción al sexo puede acarrear más.

Hay gente que hace shows en chats aleatorios y luego le preguntan por datos de contacto, para “que esto no quede solo ahí” y la persona inmaduramente los da, grave error, nunca se deben revelar datos, menos ahí en ese tipo de chats.

 

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Reflexión: la familia en “analfabetismo tecnologíco”

Resulta curioso pensar que los hijos que sufren de cyberbullying, muchas veces son los hijos los señores que son objeto de sextorsión por entablar conversaciones con aparentes modelos totalmente desconocidas. También la esposa de este señor puede que sea parte de las señoras que están “quemando” a todo el mundo en redes sociales y que le arruinan la imagen los demás con puros chismes. El hijo mayor de esta familia, que está trabajando, trabaja en un medio de comunicación que da información imprecisa. El abuelito de la familia ya fue víctima de un scam bancario. Y la abuelita compartió pornografía en redes sociales pero tal vez fueron los hackers (“beneficio de la duda”).

Entonces, esperan que al igual con otros temas de educación, el Estado venga a resolver todo a punta de jucios y educar en las escuelas, en lugar de enseñar contenidos de asignaturas regulares.

Además, en esta familia, aunque el papá pasa ligando por Internet, hay una gran ofensa por un programa televisivo, que están esperando, que la Oficina de Censura o algo así, lo saque del aire, porque es muy difícil ejercer la autoridad en su casa y apagar el televisor o cambiar el canal.

Hace falta reflexionar, dejarse de hacerse la víctima, instruirse y ver primero los errores propios. De lo contrario, esta anarquía y este analfabetismo tecnológico, seguirá trayendo más mal que bien.