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Corrupción: los 7 pecados capitales juntos versus los pecados “cantonales”

Tradicionalmente se han conocido los “Pecados capitales”, a saber: gula, avaricia, lujuria, ira, soberbia, envidia y pereza. Estos corresponden a descripciones de deseos y excesos de la baja naturaleza humana, que llevan a infracciones morales y éticas.

En un país como Costa Rica, se han señalado, perseguido y castigado todo tipo de delitos y se han tenido como crímenes, donde su autor prejuiciosamente “nunca se curará”. Pero, se han castigado unos delitos más que otros y dentro de esto, a veces parece que se castigan unos cuantos chivos expiatorios o unos cuantos delincuentes de poca monta. Muchas veces se percibe que solo es urgente perseguir al ladrón, al asesino y al violador y ¡Claro que es urgente! Estos son capturados, en allanamientos botando puertas y pegando gritos, son enviados a celdas en condiciones no agradables y a veces ni siquiera decentes. Pero: ¿Y a los corruptos qué?, es decir, al peculado, el enriquecimiento ilícito, el tráfico de influencias, entre otros… tambíen a los abusos y excesos de autoridad, los vicios en contratación de bienes y obra pública, es decir: la corrupción en general que permea la administración pública. La corrupción es el mayor delito de todos, porque roba a cada ciudadano de este país, colabora con la muerte prematura de cada habitante, es cómplice de violaciones (que a veces no se persiguen correctamente y a veces no se da atención oportuna a la víctima).

¿Cómo roba, mata y viola cómplicemente, el funcionario corrupto y/o el político que mete sus intereses sucios en la adminstración pública? – Quitándole al Estado los recursos o la capacidad de la buena administración de estos… Recursos que son para los programas de salud, bienestar social, infraestructura, educación y justicia efectiva (cumplida para la víctima y correctiva para el victimario).

La corrupción satisface los 7 pecados capitales, si vemos cualquier otro delito quizás califique en 3 o 4 de estos pecados, pero rara vez los 7 y la larga, la soberbia se vuelve el pecado capital favorito de la corrupción, ¡Son intocables! La corrupción es un problema más grande que la misma violencia en las calles, que no se puede contener por la falta de recursos (o como decía Quino: por la sobra de ladrones). Un asaltante “chata” vende-droga en la esquina del barrio, comete un pecado “cantonal” o hasta “distrital” comparado al político que con una careta no es probo y es un corrupto o un inútil, en un puesto que no se merece (porque a veces no llega ahí ni por méritos o elección popular, sino por … sepa usted qué). Lo peor es que muchos políticos se escudan en decir entre líneas “yo no violo”, “yo no mato”, “yo no secuestro”, “yo no saco un arma y apunto a la cabeza”, y empiezan por promover penas más duras para quienes sí lo hacen (como si las penas existentes se cumplieran ja já), pero siguen siendo permisivos y no convencen al país de sus ideas y limpieza en temas de administración pública. Sinceramente el corrupto y el violador asesino deberían compartir celda, nadie está exento a cometer delitos, pero con más razón, la penalidad de los mismos debería ser una acto democráticamente horizontal, sin que medie poder, dinero o estatus social.

Hay mucho comentarista que habla de Singapur aquí y allá (a veces con percepciones muy erradas), si bien es cierto que Singapur es un gran ejemplo, la clave de los singapurenses no está en la tal “pena de muerte para ladrones y narcos”, sino que la clave principal es: “CERO CORRUPCIÓN”.

Las penas para los delitos de administración pública en Costa Rica son de risa y los procesos excesivamente costosos, donde rara vez crean satisfacción en la población… de ninguna manera se está diciendo que el hecho de estar en medio de un proceso, por un caso de delito de administración pública ya significa que se es culpable. Pero muchas veces, a ojos de expertos y “ticos de a pie”, queda una sensación de un “proceso que enredaron”.

Ya habrá en este sitio algunas entradas hablando del sistema de Singapur y también del sistema que no solo está en Costa Rica, sino en gran parte de América Latina, que tiene a estos países en la miseria (especialmente mental).