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Papás y mamás que no conocen a sus hijos

El cuento de que todo lo saben sobre sus hijos y hasta los buscadores de Internet o los profesores los conocen mejor que los progenitores. Tal vez, solo tal vez, hace 15 años eso podría ser medianamente válido, pero con el ritmo social de ahora y las herramientas de ahora, no hay manera de conocer a sus hijos salvo dos casos:

  1. Tenerlos como secuestrados, que no termina nada bien, porque igual van a crecer (y desfasados).
  2. Tender puentes y no caer en “soy la mejor amiga de mi hija adolescente”, pero no poner la barrera.

Lastimosamente, no hace falta ser padre o tener un doctorado en psicología para darse cuenta, los papás ya no pueden tener el control, pero entonces ponen la barrera. Muy pocos son verdaderamente maduros y realistas para no jugar de “solemnes”.

Veamos, hay padres y madres que dicen “mi hijo(o) JAMÁS haría eso”. Esto es de cuidado, porque no es que se van a creer todo lo que les dicen, pero niegan las pruebas fehacientes y con tal de evadir la realidad, ni confrontan a sus hijos hablando seriamente. Ejemplos se escuchan: “Mandé fotos y mi mamá dice que no lo cree, que seguro es un montaje, pero sí soy yo y no sé qué voy a hacer” o el caso en que una mamá sacó a su hijo de la iglesia porque la cámara de seguridad lo grabó robando y amenazó a todo el mundo que no tenían por qué grabar a su hijo.

Lo malo es que esa barrera se hace fatal, llega a niños y jóvenes (y no tan jóvenes) a pensar en hacer lo peor. Los papás parece que quieren a sus hijos, pero no como hijos, sino de trofeos morales que ni ellos lo fueron. Evaden la realidad y luego esperan que la ley, la sociedad, el colegio, o quien sea les ayude y ellos ponen la barrera. No es alcahuetería, es ser realistas.

Acepten que los errores son parte de la vida humana y esto sin excepción.

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