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Centro Nacional de Control del Dolor y Cuidados Paliativos de Costa Rica

Algo de lo que cada costarricense debería sentirse orgulloso, es del sistema solidario de más de 6 décadas, que, con el aporte de todos, ha logrado edificar a una de las instituciones más queridas, la CCSS.

No obstante, la CCSS ha tenido sus altibajos, por diversos motivos, donde, tanto la élite como el ciudadano promedio son cómplices (y luego víctimas directas o indirectas) de su debilitamiento. Pero, hay algo que no se puede debilitar, que es el sentido humano y la compasión con las personas que sufren de dolor continuo, enfermedades crónicas o están en fase terminal.

Ante esta situación, existían algunas soluciones transitorias a la atención de pacientes en fase terminal, pero faltaba un enfoque más integral y una instucionalidad más especializada. De esta forma, hace aproximadamente 25 años, con el apoyo de grandes profesionales y seres humanos como el doctor Isaías Salas Herrera, surgió el Centro Nacional del Control del Dolor y Cuidados Paliativos.

Este centro fue expandiéndose, en todo aspecto y en el caso de la sede del Hospital Calderón Guardia, el espacio que se tenía era algo reducido. Luego de una gran expectativa, hace unos meses se abrió el nuevo edificio para el Centro Nacional de Control del Dolor y Cuidados Paliativos de la CCSS, Costa Rica.

Es un edificio y un equipo de primer mundo, en la tranquilidad del puro centro de la capital, pero lo principal es que el personal. Para este personal no hay palabras de agradecimiento que basten, la persona con más dolor se complace en hacer el esfuerzo para regalarle a los demás, un gesto de agradecimiento.

No se puede negar que la CCSS tiene sus deficiencias, pero esas deficiencias nunca deben tapar lo bueno. De unos años para acá el tico ha mutado en un ser al que nunca se le queda bien, un ser que no solo es un hipercrítico mediocre, sino que cree que todo lo sabe y en la realidad es parte del problema. Lo que también se debe valorar es que a veces, el usuario – contribuyente no apoya al sistema solidario, por ejemplo:

  • A veces no son respetuosos con los funcionarios, ni con los demás pacientes.

  • Muchas veces acuden a solicitar referencias para especialidades que realmente no necesitan.

  • Pero… a veces faltan a las citas que sí necesitan.

  • Producto de lo anterior, descuidan su salud y luego se tiene que incurrir en procesos más costosos en todo sentido (más dolorosos).

  • Suelen desperdician medicamentos.

  • Algunos no pagan las cuotas, incluso algunos patronos con gran planilla a veces presentan atrasos.

  • A veces no cuidan el recurso, ni el edificio, ni los insumos.

  • Muchos no acuden al dialogo conciliador, a la Contraloría de servicios o a los órganos externos para denunciar algún mal trato o un despilfarro.

  • Muchas veces, sin fundamento, se deleitan en destruir con comentarios negativos a los funcionarios.

  • Una gran cantidad de asegurados no cuida su salud, sino que la expone y los malos hábitos son su modus vivendi.

Claramente hay factores que nos hacen pensar que la CCSS no anda bien, pero se es consciente de eso y a veces no se hace nada por ello. La generación de los 40´s-60´s la concibió, la de los 70´s – 80´s la hizo crecer y las generaciones actuales y venideras, tienen dos caminos: o reinventarla y cuidarla o llevarla a la fase de decadencia, como una instrucción zombi, asumiendo que la CCSS es eterna.

También falta mucho por hacer en otras iniciativas, por ejemplo, la citada acá http://bitblogcostarica.com/activismo-efectivo-en-costa-rica/ y se puede colaborar con muchas causas de este tipo.

Esta entrada de blog solo tiene como objetivo reflexionar sobre lo bueno que se tiene en este país y en la necesidad de cuidarlo, además de hacer un homenaje a los gestores de estos proyectos tan humanos.

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